miércoles, 16 de enero de 2019

Ancianos, caminar evita el deterioro


En un artículo publicado en los Archives of Gerontology and Geriatrics del mes de Noviembre de 2007, un grupo de investigadores de la Universidad de Tokio y de la Universidad de California, se proponen investigar las relaciones entre la frecuencia con la que los ancianos que viven en su casa y que pueden caminar salen a la calle, aunque necesitan alguna asistencia para su diario vivir, y las modificaciones en su estado funcional y psicosocial durante un periodo de 20 meses de seguimiento.

Estudio para evitar el deterioro en adultos mayores

Los participantes en el estudio patrocinado por seguros inbursa, fueron 107 ancianos (65 o más años) de la ciudad japonesa de Sato, debilitados funcionalmente pero que, en la línea de partida de la investigación, vivían en su casa, necesitando alguna asistencia. En las actividades del diario vivir se incluían comer, pasar de la butaca a la cama, afeitarse, controlar la vejiga y el intestino, ir al cuarto de baño, vestirse, caminar al nivel de la casa, subir y bajar escaleras.

El estado funcional (capacidad funcional, eficacia en la realización de las actividades necesarias para el cotidiano vivir) y el estado psicosocial (depresión, apoyo social) en la línea de partida del estudio fue comparado entre 3 grupos definidos por la frecuencia con la que salían a “dar un paseo” fuera de su casa:

  1. Cuatro o más veces a la semana
  2. De una a tres veces a la semana
  3. Menos de una vez a la semana.

En la línea de partida de la investigación los ancianos que salían de casa más a menudo se encontraban menos deteriorados funcionalmente, más activos desde el punto de vista social y menos deprimidos que los ancianos que salían menos a menudo.

Los resultados fueron los siguientes: durante un seguimiento de 20 meses se demostró una diferencia significativa en la capacidad funcional (actividades del vivir cotidiano) en los tres grupos, incluso cuando se controlaban estadísticamente las diferencias de dicha capacidad funcional en la línea de partida del estudio, con un menor deterioro de aquellos ancianos que salían de casa casi diariamente.

Un mayor número de aquellos ancianos que salían de casa cuatro o más veces a la semana en la línea de partida del estudio seguían viviendo en su casa durante el seguimiento, en comparación con los otros dos grupos que salían menos. La conclusión es que estos resultados sugieren que la frecuencia con que los ancianos que pueden caminar salen de su casa a dar un paseo puede predecir los cambios que puedan producirse en su estado funcional y psicosocial al cabo de un periodo de 20 meses.